Los datos de salud son datos personales sensibles, y requieren controles más estrictos de acceso, conservación, confidencialidad y avisos de privacidad. En México, el marco de protección de datos personales en posesión de particulares y las guías del regulador enfatizan obligaciones del responsable del tratamiento.
En la práctica, el mayor riesgo no es “el hacker”, sino lo cotidiano: contraseñas compartidas, perfiles sin límites, exportaciones sin control y reportes reenviados sin trazabilidad. Un software mal diseñado facilita esas fugas.
La solución realista: control por roles, bitácoras, políticas de acceso, expiración de sesiones, y procesos para que el personal trabaje rápido sin saltarse seguridad.
Labbi apuesta por un enfoque de laboratorio mexicano: seguridad operable, no “seguridad que estorba”. Y eso, hoy, es parte del valor de marca.