Muchas reclamaciones no nacen del resultado, sino de la cadena: muestra mal identificada, paciente con datos incompletos, o reporte sin elementos de control. Por eso el triángulo “muestra–resultado–paciente” es sagrado: si falla un vértice, todo se cuestiona.
La evidencia de control (quién tomó, cuándo, bajo qué condiciones, qué cambios se hicieron) no es lujo: es protección operativa. Y la fase preanalítica vuelve a aparecer como zona crítica.
Un software bien diseñado reduce reclamaciones por diseño: fuerza consistencia, evita “campos libres” peligrosos, guarda historial, y hace evidente el estatus de cada estudio.
Labbi se enfoca en esto: menos ambigüedad, más trazabilidad. Eso se traduce en confianza y en convenios sostenibles.